|
Me niego rotundamente a dormir sin haber escrito si quiera unas cuantas líneas, es que definitivamente te encuentras con que no has hecho nada durante el día, en realidad no fue nada productivo, por un lado, te levantas muy tarde como siempre, acostumbrado a que la mañana para ti ya no existe y la noche es más larga que para el común de la gente, es que sientes que ni eso vale, de qué vale hacerlo si todo lo que haces es mirar estados, fotos, comentarios, peticiones, eventos, también entablas una que otra conversación y hasta te preguntas por la vida de personas de las que no sabes ni el nombre porque suelen tener apodos –nada agradables, por cierto- es ahora cuando te preguntas no sólo de que vale que tus noches no sean cortas sino de qué valen tus días, tus horas y tus pensamientos alrededor de todo eso. Pero es que tienes muchos amigos y de alguna forma te justificas con que es un distractor –aún cuando tienes de verdad cosas que hacer-. Quisiera saber cuándo será el instante en el que todo eso se destruya, el día en el que toda esa fantasía –vaya sustantivo para lo que es- se vea invadida por hechos y experiencias reales. Tal vez vivías más en el siglo XIX, recuerdo cuando tuve la fortuna de abrir la carta de un aventurero amigo, se encontraba tan lejos, pero leerla fue como tocarlo y saber que se encontraba dichoso alrededor de todas sus aventuras, a decir verdad sí se tardaba un poco en llegar la carta, sin embargo era tan excitante saber de él o de cualquiera después de un prudente tiempo, en su caligrafía podías hasta leer más de lo que te decían las líneas, enviarlas también era una cuestión interesante, más cuando sabias que te ibas a ausentar bastante por los recorridos que hacías en toda París buscando quién sería tu inspiración y tu carne por aquel entonces. Fumabas tanto que hasta eso cobró tu vida, pero pues no seamos ingratos… a esa edad ya habías vivido mucho, ya era hora de experimentar lo que creo que era lo único que te faltaba, eras tremendamente inquieto, luchabas con todo tu honor y honra por vencer la rutina, bien sabías que no era tarea fácil, más en una sociedad en donde hay que guardar la cordura y no debes ni simular ir en contra del viento… aún así eso no importo, así provocaras vergüenza a los más cercanos y coraje a los almirantes en la ciudad, sabías lo que hacías y que querías en tu vida, todas tus líneas se quedaron cortas a comparación de tu itinerario diario, para ti el realismo jamás existió o al menos de lo que yo recuerdo. Eras tan valiente y tenías tanta magia para todo, bueno no todo siempre salía como esperabas, la verdad tus días nunca fueron ansiosos, era grandioso saber que le tomabas mucha delantera al destino, y que aunque a veces te respirara en la nuca no permitiste que fuera quien te guiara. Odiabas que te dijeran artista y no decías nada cuando te insinuaban que no eras muy cuerdo. Me acuerdo nítidamente cuando golpeaste a ese hombre en la puerta de la catedral, de verdad que eras de arranques y tú que decías que los ancianos te inspiraban respeto, contigo no sé sabía, jamás se supo, pero eso sí, entendiste cual era el verdadero reto al nacer, y qué hacer antes de morir, ¿morir? Bueno la verdad nunca creí tu muerte y ojalá vengas y me recates de esto de lo cual me siento severamente avergonzado, admito que esto se me ha salido de las manos, pero aquí estoy y pido con urgencia tu ayuda…
|