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EL SEÑOR DE LOS DEMONIOS (capitulo primero- (Jonh))
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cuentos
Escrito por Felipe   

El señor de los demonios es una historia de tres personajes, unidos por una vida de abandono y de tristezas. Una serie de desgracias y sucesos de último momento, les lleva a cada uno a cometer un fallido suicidio. Un hombre misterioso les conduce hacia un idílico lugar. Ese lugar, lleno de almas errantes, les da todo lo que siempre han deseado, amigos, compañia comprensión y una vida sin sufrimientos, pero todo se gira y son enviados al infierno. El hombre misterioso luchará por rescatarlos a cualquier precio.

El señor de los demonios es una historia que nos eneseña que el sacrificio y el amor hacia los demás es el único camino hacia la liberación de nuestras almas.

 

 

EL SEÑOR DE LOS DEMONIOS

 

POR: FELIPE BARBOSA MARTINEZ

 

CAPITULO PRIMERO

 

JOHNY

 

 

La noche era fría, como suele suceder en las noches de otoño después de un torrente de lluvia, de la cual sólo quedaba una tenaz llovizna que hacia sacudir los pequeños charcos que habían quedado en los baches de una callejuela en la que nadie se atrevía a pasar después de la media noche, una callejuela que era frecuentemente visitada por malvivientes y algún que otro indigente que decidía dormir en aquel desolado sitio.

En esa obscuridad donde sólo las pequeñas gotas de llovizna hacían retumbar las diminutas lagunas que reflejaban la escasa luz mercurial, la tenue calma fue abruptamente interrumpida por unos pasos que sonaban desesperados, acompañados de una agitada respiración y una voz entrecortada que no dejaba de maldecir. Los zapatos enlodados apresuraban el paso sin cesar y se detenían en cada esquina, hasta toparse con un callejón en el que no había salida, era un muchacho flacucho de pelo algo alborotado, se detuvo ante una pared alta, tapizada de grafitis que cuyo significado ya no se podían ni reconocer, seguía maldiciendo y en su cara se reflejaba el miedo, unos sus ojos parpadeantes como síntoma de algún tic nervioso y sus lentes, empañados por las lagrimas. De pronto su rostro se quedó pálido, sus ojos dejaron de parpadear, su mirada se quedo fija y perdida, como si su mente se llenara de recuerdos espontáneos, lo que llamarían flashback mental.

Hacia algunos días aquel muchacho llamado John estudiaba el bachillerato, era algo tímido, inseguro, su pelo peinado por el medio y sus lentes lo hacían aparentar como los clásicos nerds. Ese día llegó a la escuela apresurado por entregar una tarea y con gran nerviosismo por mantener sus excelentes calificaciones, califacaciones que obtenía ante las exigencias de su padre, un militar retirado, alcohólico y con un obscuro pasado. Al cruzar la puerta, sus torpes pasos lo hicieron tropezar e hicieron volar por el aire una carpeta de papeles llenos de letras. Se quedó mirando al suelo por unos momentos, después respiró hondo, como aceptando su destino de ser siempre el hazmerreir de la escuela.

Una voz muy dulce lo llamó por su nombre

- Johnny, ¿estas bien?-

Al mirar hacia arriba, vio cómo un par de piernas blancas bien torneadas se alzaban ante él, limitadas por una minifalda que no dejaba observar mas allá de lo que cualquier hombre en esa posición buscaría ver, y eso hacia mucho mas hermoso aquel panorama.

- ¿Estás bien?- volvió a repetir aquella voz suave.

Era Susy Graham una de las mas hermosas chicas de la escuela. Perfecta candidata a reina de la escuela y presidenta de la sociedad de alumnos.

-Sí claro, respondió John, es “la caída del día” creo que ya cumplí mi cuota de hoy, comentaba mientras se esforzaba por levantarse.

Susy le sonrió aceptando su sarcástico comentario de burla hacia si mismo, mientras le entregaba algunos papeles que había recogido.

- Debes tener mas cuidado, por poco te golpeas la cara con el escalón, hablaré con la sociedad de padres y la dirección de la escuela porque ya se han registrado muchos accidentes en esta área, para que hagan algo al respecto, te he visto que siempre llegas a la escuela muy apresurado, ¿es la primera vez que tienes este accidente?

-Mmm, creo que si fuera por todos los accidentes que he sufrido en esta escuela todas las paredes estarían tapizadas de almohadas. Me llamo John.

- Sí, sé quien eres- respondió Susy

- Estuvimos juntos desde la primaria, una vez intercambiamos regalos cuando éramos niños.-

John se acomodó los lentes con el dedo índice de su mano derecha, frunció la frente y fijó su mirada hacia Susy tratando de fingir que no recordaba aquel suceso de años atrás, que para él fue una de las mejores navidades, ya que aún conservaba aquella lapicera y la tarjeta de esa niña que lo había cautivado “¡feliz navidad Johnny! de Susy.

- Ah!, sí claro, perdón, la verdad has cambiado muchísimo, ya no eres aquella niña de trenzas y tus pecas ya casi ni se notan, no eras muy bonita, pero bueno, gracias.

Susy entendió que aquel muchacho no tenia mucha experiencia hablando con chicas, así que sólo sonrió y le dijo: -¡Cuídate Johnny!, nos vemos pronto-

John no respondió aquellas palabras, su corazón se quedó palpitando de emoción con aquel momento que le había parecido muy largo y a la vez muy corto, latía como si fuera a detenerse en cualquier momento y pensó hacia si mismo: -¿Qué me pasa? Sólo fue una charla, cálmate John, esas mujeres no son para ti.

Durante todo el día, no dejó de pensar en ese instante en el que la chica de sus sueños se dignó a hablarle, y, aunque sólo fue por unos segundos, se pudo ver reflejado en esos ojos color miel, y quedó tan prendado que hasta la tarea urgente se le olvido entregar, por la cual había trabajado toda la noche y la que fue la causante de su accidente mañanero. Sonreía, y por primera vez dió gracias por ser tan torpe y descuidado al caminar, ya que gracias a eso se volvió a reencontrarse con esa niña que le había gustado desde que era un crio.

Al sonar la alarma que marcaba la salida de ese día de clases tan accidentado y a la vez tan afortunado, John se dirigió al patio de la escuela donde solían juntarse los amigos después de clase, lugar que, debido a su falta de popularidad y escasez de amigos, nunca frecuentaba, pero ese día era especial, quería agradecerle a Susy su amable atención, pero como podía acercarse a una chica que siempre esta rodeada de amigos y pretendientes que la escoltaban a todas partes y le hacían guardia como si fuera la presidenta del país, John se le quedó mirando unos momentos. En su mente no había plan alguno para poder llegar hasta ella, por un momento pensó en pasar por ahí y fingir caerse para llamar la atención aunque eso le adjudicaría las burlas de todos los presentes y tal vez hasta el rechazo de la misma Susy.

Se dirigió hacia el centro del patio donde se encontraba el grupo de amigos, pero al llegar a unos pasos de su objetivo, uno de los que formaban parte de aquella guardia humana, se volvió hacia el lanzándole un gesto de rechazo. John, al sentir aquella mirada, agachó la cabeza, se tocó la barbilla con los dedos de la mano como fingiendo pensar, y tronó sus dedos como señal de recordar algo que había dejado, inmediatamente cambio su curso y se dirigió hacia un bebedero de agua que se encontraba a la orilla de la cancha, tomó agua, mientras repetía: -Qué tonto, qué tonto, cómo se me ocurrió pensar que seria fácil, no hay manera de que ella me haga caso, no somos en nada parecidos, no nos gustan las mismas cosas, creo que debo de olvidarme de esto y seguir con mi vida-

- Hola Johnny- Sonó muy dulce aquel tono de voz que ya había memorizado.

Por poco se atraganta con el agua al tomar y respirar a mismo tiempo.

- ¿Te asuste?- replicó la tierna voz.

- No, no, sólo que no estoy acostumbrado a tomar agua en estos bebederos.

- Sí, me imagino, porque nunca te había visto por aquí, ¿qué haces?

- Nada, sólo que tenia tiempo libre, no tengo tareas pendientes y no quería llegar a casa temprano.

- Qué bien, dijo Susy, creo que entonces tendrías tiempo de ayudarme con mi trabajo de física, ¿sabes?, no entiendo lo que dice el maestro y lo tengo que entregar mañana, ¿podrías ayudarme?.

- ¡Claro!- respondió emocionado casi al mismo tiempo que Susy terminaba de decir su frase de invitación. Em, si claro, volvió a responder dándose cuenta de lo apresurada y emocional que fue su primera respuesta.

- Ok, me esperas en la puerta de la escuela, dijo Susy, iré a despedirme de mis amigos.

- Ok te veo allá.

De camino a la casa de Susy, un silencio de nervios se apoderó de John, mientras, en su mente las palabras que no podía pronunciar chocaban al momento de intentar decirlas, mordía su labio inferior tratando de articular alguna frase que no sonara tonta o impropia.

- Así que ya no soy la niña fea pecosa de las trenzas - dijo Susy.

- No, de ninguna manera, quiero decir, de ninguna manera intente decir que eras fea, solo que has cambiado mucho, si te hubiera dejado de ver unos años no te reconocería, eso es lo que quise decir.

- ¿Sabes?, agrego Susy,  tú no has cambiado nada, a excepción de los lentes, sigues teniendo la misma cara de niño tierno, te pareces mucho a tu mamá,

John volvió la mirada a Susy por su comentario y sus ojos se llenaron de tristeza por aquellas palabras.

La madre de John haba muerto años atrás a causa de un cáncer de seno que no fue atendido a tiempo por los prejuicios de su padre, que no permitía que otro hombre tocara a su esposa, ni siquiera un doctor, aun a sabiendas que eso le podría costar la vida.

- Tu mamá y mi mamá eran amigas cuando eran jóvenes, de hecho mi mamá tiene muchas fotos con tu mamá y me ha preguntado por ti, que cómo estas o cómo vas, le he dicho que eres muy estudioso, uno de los mejores de la escuela, le dará mucho gusto verte hoy.

Aquellas palabras hicieron que John entrara en confianza, de hecho se ilusionó mucho por poder tener una amistad ya de adolecentes, pensaba que podían ser los mejores amigos y que si tenia la confianza de los padres de Susy, tendría mas oportunidad de acercarse a ella.

- ¿Tú no tienes muchos amigos, verdad John?

- No, la verdad es que no, no tengo tiempo en la escuela y en mi casa mi padre, pues mi padre es muy especial.

- Si lo sé- dijo Susy, mi mamá lo llama “el general desgraciado”, no te ofendas, a mi mamá no le simpatizaba mucho, de hecho ella hizo lo imposible para que tu madre lo dejara, creo que por eso termino su amistad, aunque mi mamá siempre le tuvo un gran aprecio a tu mamá y aún cada año le llevamos flores a su tumba el día de su cumpleaños.

- Mi padre nunca me permite ir al panteón, ni el día de las madres ni el día de muertos, dice que eso nos hace débiles, que la vida es para los vivos no para perder el tiempo con los muertos.

- Y dime John, ¿hablas mucho con tu padre?, ¿tienen buena comunicación?

- No, de hecho sólo lo veo en los días que no voy a la escuela, siempre está hablando por teléfono con amigos del ejército y cuando está borracho trato de no encontrarlo en la casa, me encierro en mi cuarto hasta que dejo de escuchar sus gritos de locura.

- ¿No eres muy feliz, verdad Johnny?

- Pues trato de serlo, aún hay muchas cosas que quisiera hacer, estudiar una carrera por ejemplo, quiero ser doctor, oncólogo y tener mi propio consultorio y trabajar en el mejor hospital del país, ayudar a gente de bajos recursos, por lo pronto ya quiero cumplir mi mayoría de edad, tener amigos, alguna novia, en fin hay muchas cosas que me ilusionan.

- Ha ha, Susy soltó una carcajada, eres todo un soñador Johnny. Mira, la vida se vive al momento con las cosas que tienes, no pienses en el mañana, porque tal vez no lleguemos al día siguiente, por lo pronto te ofrezco mi amistad, ¿qué te parece?

John se emociono al escuchar aquellas palabras, por primera vez en mucho tiempo tenia una amiga y una amiga que él deseaba. El día no podía ser más maravilloso.

- Gracias Susy, de verdad, necesitaba platicar con alguien como tú, le dijo mientras le extendía su mano en señal de aceptar su amistad.

- ¿Qué haces tonto?, le dijo Susy, los amigos se saludan así, mientras le plantaba un beso en la mejilla y le daba un abrazo,

No podía pintar mejor el panorama para John,

Mientras pasaban por una vitrina de una joyería Susy exclamó: ¡Mira¡ ¡qué hermoso collar! algún día me casare con un hombre que tenga mucho dinero y me compraré diez como este, ¡uff¡ es carísimo,

Por la mente de John pasó la idea de ser algún día un doctor exitoso, tener el suficiente dinero para darle a una mujer como Susy todo lo que deseara, pero también pensó que quería ser doctor para ayudar a la gente pobre con cáncer

- Démonos prisa, dijo Susy, si queremos terminar el trabajo para mañana tendremos que empezar cuanto antes.

A John le hubiera gustado que el trabajo de física fuera para dentro de un mes, así tendría la oportunidad de pasar mas tiempo con su nueva amiga.

Al llegar a su destino, una mujer hermosa que ya rondaba los 45 años, abrió la puerta, en ese momento lo reconoció,

- Tú eres Johnny, el hijo de Joanna Hamilton, ¡no puede ser! eres igualito a tu madre. Dándole un abrazo y un tierno beso en la mejilla´, le invitó a pasar.

- Pasen, pasen, hija te estaba esperando para comer, qué bueno que trajiste visita, y qué mejor que sea el hijo de mi mejor amiga.

- Ay mama, con la emoción ni siquiera me preguntaste cómo me fue hoy.

- Perdón hija, es que no esperaba tan agradable sorpresa, y dime, ¿cómo te fue hoy?

- Muy bien muy bien, como siempre.

- Y tú John , ¿qué tal tu día?

- Muy bien señora Graham, diría que ha sido un día muy bueno, espero que siga así, gracias por preguntar.

- Ya eres todo un hombrecito John, cuando te vi por primera vez tu madre te traía en brazos, sólo te pude ver por unos segundos, antes que el gruñón de tu padre me dijera que no quería verme nunca mas cerca de tu madre. Ya fue hace muchos años, no sabes qué gusto me da verte, tu madre y tú éramos como hermanas.

- Sí, lo sé señora Graham, Susy me contó algo de la historia.

- No me digas señora Graham, dime Laura, cuando me dices señora me haces sentir muy vieja y creo que aun estoy joven.

- Ay mamá, no digas esas cosas, haces que me apene, ¿podrías dejarnos solos un momento?, tenemos un trabajo que hacer.

- Bueno muchachos, los dejo, cuando quieran comer está todo en la cocina. John, siéntete como en tu casa, de verdad, es un gusto que estés aquí, y que mi hija tenga amigos como tú, no esos gañanes con los que acostumbra a juntarse.

- Mamá, por favor,-

- Ok, ok adiós, estudien mucho.

Al día siguiente John se levantó un poco mas temprano que de costumbre, se despertó después de una noche de casi no dormir repasando en su mente los momentos tan fabulosos que había vivido el día anterior, pero no se sentía cansado, tenia esa rara energía extra que dan las alegrías, y con unas ganas repentinas de estar ya en clase, y no era precisamente porque le gustara la escuela, sino porque no tenia otra cosa en qué ocuparse, no tenia amigos, su familia era un desastre y su único desahogo era estudiar, además, ahora tenía otro motivo, ansiaba llegar al sitio donde poder estar cerca de su mejor amiga.

A la hora del receso, buscó impacientemente el lugar donde Susy acostumbraba juntarse con su sequito de seguidores, pero otra vez se sentía cohibido al no saber como acercarse y, aunque el día anterior se sintió como si nunca hubiera conocido a Susy de toda la vida, ahora no sabia como dirigirse sin quedar como un tonto delante de los amigos de aquella anhelada chica.

- ¡Johnny, aquí!- una voz interrumpió sus pensamientos.

- ¡Johnny!

Al levantar la cara, observó una mano que le hacia señas invitándole a acercarse. Sonrió y sus pies reaccionaron al instante dirigiéndose hacia aquel grupo. Un tierno beso en la mejilla lo despertó de su temporal hipnosis.

- Johnny quería agradecerte lo de ayer, me la pase súper contigo y por lo del trabajo de física, en serio ¡me salvaste!, todos mis amigos se quedaron sorprendidos, hasta llegaron a dudar que lo había hecho, claro, que les dije que tuve la ayuda del mejor estudiante de la escuela, muchas gracias de verdad.

- No tienes nada que agradecer Susy, casi todo lo hiciste tú, no es tan difícil cuando uno pone empeño de su parte.

- Es que tuve la mejor ayuda, en serio, de la manera cómo me lo explicaste, hasta mi hermanito de primaria lo hubiera entendido, creo que de ahora en adelante la física será una de mis materias favoritas.

- Me da gusto por ti, no eres tan mala estudiante como dices, de verdad lo entendiste todo muy bien, felicidades.

- Como ya pasé la materia, voy a celebrarlo este fin de semana, mi madre tendrá un té canasta con sus amigas del club, mi hermanito se irá de campamento, así que tendré la casa solo para mi, y haré una fiesta y tu serás mi invitado especial, ¿como ves?.

- Me encantaría Susy, pero no se si podré, ya ves mi papá no me deja desvelarme y menos andar en fiestas no creo que vaya de acuerdo con su principios militares.

- Haz lo posible Johnny, de verdad me encantaría que estuvieras allí acompañándome.

- Ok, haré lo posible.

- Entonces te espero ahí, no vayas a faltar, si me quedas mal te dejare de hablar, dijo Susy con una sonrisa burlona señalando que su amenaza no en serio, mas bien era un agradable chantaje mostrando que le importaba que su amigo Johnny estuviera presente,

El fin de semana el papá de Johnny llegó a casa como a eso de las 8:15, en su rostro se marcaban los rasgos de una persona ya acabada por el alcoholismo, y aunque era una persona relativamente joven con un cuerpo trabajado por años en la milicia, la falta de alimento lo hacia parecer una persona mayor a los 60 años, sus ojos rojizos reflejaban que había pasado todo el día embriagándose, John, lo escucho llegar, y al escuchar algunos ruidos de las sillas que caían al paso de aquel hombre, Johnny adivino que había llegado borracho, así que pensó esperar algunos momentos para que durmiera y así tener la oportunidad de escaparse a la fiesta que tanto deseaba, había tenido tiempo de arreglarse, planchó algunas camisas, lustró sus zapatos y esperó.

Apenas pasaron las nueve en punto y los ruidos habían cesado, sólo algunos ronquidos se alcanzaban a escuchar por toda la casa. John se atrevió a salir de su cuarto, no sin antes pasar a confirmar que su padre estaba en completo letargo. Decidió que era momento de huir hacia la tan esperada fiesta.

Al llegar a la casa de Susy, la música a todo volumen no dejaba escuchar el sonido del timbre que en repetidas ocasiones tocó con la ansiedad de no quererse perder un minuto mas de la fiesta, así que esperó el momento a que terminara la canción para volver tocar el timbre, en cuanto el silencio se hizo presente, tocó con insistencia, al momento la puerta se abrió. John se quedó pasmado con aquella imagen, la mujer que vestía un minivestido negro resaltaba la torneada figura y los zapatos de tacón remataban tan fantasiosa silueta,

- ¿Vas a pasar o te vas a quedar ahí?- dijo aquella voz, era Susy, su vestuario y su maquillaje la hacían aparentar una mujer mucho mayor, no la adolecente de 16 años que era.

- Johnny despierta

- Perdón, es que no te reconocía, te ves preciosa.

- Gracias, por un momento pensé que no vendrías.

- ¿Cómo creiste eso?, por nada del mundo me perdería tu fiesta, solo que no recordaba el camino a tu casa, de noche todas las calles son iguales.

- Pues me alegro que estés aquí, pasa y diviértete, toma lo que quieras.

Al entrar todas las miradas se clavaron en John, que se llegó a sentir como un extraterrestre que llegaba al planeta, no reconocía a nadie, y es que no era nada popular en la escuela.

Susy, mientras tanto, se la pasaba de grupo en grupo socializando, entre risas y comentarios que no hacían mas que halagarla por lo hermosa que se veía esa noche.

John se dirigió a la cocina, tomó un vaso de agua y se quedó por unos momentos pensando que la fiesta no era lo que había planeado, Susy tenia la atención de todos y él no tenia la atención de nadie y no esperaba que Susy dejara a todos para venir a charlar con el.

Observó que un joven abrió el nevera y extrajo unas botellas de cerveza. Pensó que si quería unirse a la fiesta tendría que hacer lo que todos hacían, así que tomó una botella y, abriéndola torpemente, se dispuso a beber aquel liquido frio y amargo, ese líquido que para el resto de invitados era como beber el néctar mas delicioso y único que existiera en la tierra. Ante su inexperiencia se bebió de dos tragos la cerveza, haciendo un gesto de repudio acompañado de un raro escalofrió, dejo la botella vacía sobre la mesa, y saco otra botella para beberla. Al cabo de un tiempo, media docena de botellas ocupaban parte de la mesa, como es de suponer, el influjo del alcohol había disipado su timidez, se dirigió hacia la sala donde la música estaba a todo volumen. Ya no se sentía tan diferente a los demás, al pasar entre la multitud, con la mirada en alto, empezó a saludar a cualquiera que se encontraba, así fueran hombres y mujeres, mientras volteaba de un lado a otro tratando de localizar a Susy.

Al paso de Johnny, uno de los guaruras de Susy trabó el pie de apoyo de Johnny y lo hizo tropezar. Cayó de bruces sin oportunidad de poner las manos. Un sonido hueco de la cabeza de Johnny golpeando contra el piso llamo la atención de todos los invitados, entre ellos Susy que se volvió y, al reconocer que se trataba de Johnny, se dirigió inmediatamente en su auxilio. Lo ayudó a levantarse, y le invitó a sentarse.

- Johnny ¿qué te pasó?

- No sé, creo, que me tropecé con alguien, lo siento Susy.

- No te preocupes, ¿estas bien?

- Si, solo me duele un poco la cabeza,

- Ven vamos a mi cuarto para que descanses, ¿estuviste bebiendo, verdad?-

- Tomé algunas cervezas.

- Bueno ven, te ayudo.

Susy lo llevó hasta su recamara y lo ayudó a recostarse.

- Descansa Johnny, bebiste demasiado.

- Susy quiero decirte algo.

- Duérmete un rato, aún es temprano, en una hora estarás como nuevo, te traeré algo para que comas, seguro que no has cenado.

- Susy quiero decirte algo, volvió a insistir.

- Ok, ¿qué me quieres decir?

- Que me gustas mucho, que siempre me has gustado incluso desde la primaria, aunque ya no tengas la trenzas ni las pecas, eres la mujer mas hermosa que jamás haya visto, y que estos días que hemos pasado juntos siento que te conozco desde siempre y puedo decir que estoy enamorado de ti.

- Es muy lindo lo que dices Johnny, pero aún no nos conocemos bien como para tener algo más, me caes muy bien, te aprecio, pero creo que seria muy pronto pensar en llegar a ser más que amigos, además somos muy diferentes,-

- Pero Susy, en que soy diferente a tus amigos ¿que pueden tener ellos que yo no tenga yo?, solo son una bola de idiotas, que solo pretenden acostarse contigo.

- Pues esa bola de idiotas han sido mis amigos desde hace mucho tiempo, respondió Susy sin molestarse, sabia que las palabras de Johnny no tenían intención de ofenderla.

- Pues si quieres que yo sea como ellos, lo haré, sólo dime qué hacer.

- Sólo duérmete un momento, más tarde podremos hablar mucho más tranquilos, tengo personas que atender.

- Susy, si me hicieras caso haría lo que me pidieras, tú dime qué tengo que hacer para poder estar contigo.

Susy se quedó pensando por un momento tratando de darle fin a aquella conversación sin sentido y poder retirarse a la fiesta

- ¿Sabes qué puedes hacer? cuando tengas el dinero para comprar aquel collar que vimos en la joyería, cuando me lo regales, ese día me daré cuenta que en verdad quieres estar conmigo. Lo besó en los labios y se despidió con su ya clásica sonrisa burlona aunque sabiendo que tal vez algún día John tuviera el suficiente dinero para ese preciado obsequio, pasarían años para que lo lograra y así daría tiempo para que se le olvidara aquella repentina y tonta obsesión.

John cerro los ojos fingiendo dormir, pero en su mente trabajaba incansablemente buscando la manera de poder hacer tanto dinero como para poder comprar aquel collar que le habían impuesto como meta para lograr estar con su amada, pasaron algunas horas antes que se repusiera de su mareo. Se puso en pie dirigiéndose a la puerta de la habitación, apenas cruzó y la música que no había parado de sonar volvió a retumbar en sus oídos. Se puso a buscar entre la multitud a su amada, la escasa gente que aún se hallaba en la fiesta le facilitaba la visión y dándose cuenta que no se encontraba dentro del grupo de asistentes, buscó en la cocina. Al no tener éxito, tomó otra cerveza y se dirigió a las habitaciones. Pudo escuchar algunas voces que provenían del cuarto de los padres de Susy, la puerta entre abierta mostraba una luz muy tenue y unas siluetas que se encontraban en el interior de la habitación, abrió despacio la puerta y aquella escena lo congelo de pies a cabeza.

A pesar de la poca luz, pudo distinguir que era una pareja que se encontraba recostada sobre la cama, el hombre besaba y recorría la silueta bien torneada de la chica, intentando introducir las manos entre las piernas y del minivestido de la mujer que se resistía, parecía algo adormilada por los efectos del alcohol y tal vez por alguna droga mezclada en su bebida. Entonces supo que se trataba de Susy. Sus ojos se llenaron de ira, se abalanzó sobre la pareja gritando como loco palabras ofensivas, sin pensarlo reventó la botella de cerveza en la cabeza del muchacho derribándolo. Susy reaccionó y se levantó al instante reprochándole su acción.

- ¿Qué te pasa John? ¿Estas loco?

John levantó la mano en señal que arremetería con una bofetada las palabras de de la mujer, pero se detuvo. Susy se quedó callada por un momento y, después de ver las condiciones de su amante en turno, se dirigió a John,

- Lárgate, no quiero verte mas, Estás loco, mis amigos me dijeron que eras raro, Estas igual de loco que tu padre, vete de mi casa.

- Susy, yo, yo pensé que el se quería aprovechar de ti.

- Yo puedo defenderme sola, no necesito de ti, no necesitó e nadie, lárgate de mi casa.

John se dió la vuelta y, sin decir una palabra, salió corriendo se la habitación y cruzó la casa, no sin antes maldecir a cuanta persona se encontraba a su camino. Derribó algunos cuadros de las paredes y golpeó con el puño cerrado a un muchacho que se atrevió a cruzarse para impedir su paso. Al salir de la casa, una fuerte lluvia lo sorprendió.

Al ir corriendo por las calles, los charcos de agua salpicaban a su paso. Cruzó frente a la joyería donde observo la vitrina en la que se encontraba el collar, aquel objeto que le habían impuesto como condición para lograr los besos de su amada.

Al llegar a su casa y sin pensarlo, se dirigió a la habitación de su padre que aún se encontraba perdido en un sueño profundo a causa del alcohol que había ingerido, abrió el cajón de un buro que estaba a un lado de la cama donde extrajo una caja de regular tamaño, sabia que su padre guardaba allí una pistola escuadra calibre 9 mm, la tomó y salió apresurado, con entrecortada respiración, los ojos enrojecidos por la ira y la imagen de Susy con su amante apoderándose de todos sus pensamientos.

Llegó hasta lacalle donde se encontraba la joyería, después de unos momentos de observar aquel recinto, se decidió a actuar, se paró frente al cristal que lo separaba de aquel collar.

Dentro de la joyería, se hallaba un hombre ya mayor que hacía pocas semanas que había sido contratado para cuidar de noche la joyería. Aquel joven no le pareció un ladrón, ni una amenaza para el establecimiento así que se limitó a observarlo sin pretender ahuyentarlo, ya que pensaba que sólo estaba buscando algún regalo para su madre o novia o tal vez esperaba algún taxi.

Repentinamente el ruido de un disparo y de los cristales rompiéndose alertaron al guardia nocturno, no esperaba que aquel joven de apariencia inofensiva se atreviera a cometer tal delito. Rápidamente se incorporó de su banquillo y pegando un grito de advertencia activó la alarma. El ruido ensordecedor no pareció ahuyentar al delincuente, que sumido en sus pensamientos sólo se limitaba a mirar el collar, estaba a punto de tomarlo cuando una voz lo despertó de su letargo

- Qué haces muchacho, detente, no lo hagas, no eches a perder tu vida, lárgate, la policía viene en camino.

John levantó la vista lentamente, observó fijamente al hombre, su mirada parecía perdida y no reflejaba ninguna emoción, comenzó a parpadear deslumbrado por la luz de la linterna del vigilante nocturno, levantando su mano, apuntando el arma hacia donde provenía aquella luz cegadora, pero en el ultimo momento cambió el arma hacia otra dirección y disparo. Aquel estruendo terminó por despertarlo de su hipnosis, el hombre alcanzó a esconderse resultando ileso. Johnny, al tomar el collar, accidentalmente corto su mano con uno de los cristales. Salió corriendo en dirección a la casa de Susy.

Al llegar la fiesta había concluido, sólo se veían algunas luces dentro de la casa. Tocó el timbre, Susy se encontraba limpiando el desorden que habían dejado los invitados de aquella accidentada celebración, escuchó el timbre de la puerta y haciendo un gesto de fastidio, se dirigió a la entrada pensando que tal vez alguno de sus amigos había olvidado algo en la casa. Al abrir la puerta su asombro se convirtió en miedo al contemplar que Johnny sangraba por la mano que sostenía el collar que le había impuesto como condición, mientras que en su otra mano intentaba esconder una pistola ,

- Johnny ¿qué hiciste?, ¿te has vuelto loco?

- Aquí esta el collar que siempre has querido Susy, te lo traje, es tuyo, ahora podemos estar juntos.

- Johnny estas enfermo, ¿qué has hecho? robaste ese collar, debes irte de aquí, mi madre no tardará en llegar, te has convertido en un ladrón.

- Susy, no digas eso, lo hice por ti, quiero estar contigo siempre, te dije que haría lo que fuera para que estuvieras conmigo.

- No Johnny, estas fuera de toda razón, eres un delincuente, lárgate y no vuelvas.

- Susy, por favor, no tengo a nadie más, eres mi única salida, haría lo que fuera por ti, no me dejes ahora que más te necesito.

- No Johnny, me has decepcionado, es mejor que te vayas.

Susy se dispuso a cerrar la puerta cuando Johnny volvió la levantar el arma apuntándole.

Susy, al adivinar las intenciones de John, cerró la puerta de un golpe. John no disparo, por unos momentos se quedó sin poder moverse. Instintivamente levantó su mano para colocarse la pistola en la sien, pero no tuvo el suficiente valor para hacerlo. Comenzó a gritar.

- Susy, yo te amo,

Salió corriendo hacia el lado opuesto de donde había llegado, para no pasar frente al lugar donde había cometido el robo, no había recorrido ni cinco calles cuando la luces de una sirena de patrulla que se había abocado a buscar al ladrón de la joyería lo alertó, se escondió detrás de un árbol pensando pasar desapercibido, se quedo ahí por unos segundos. Pero de repente comenzó a correr llamando la atención de los patrulleros que inmediatamente comenzaron a seguirlo accionando el estrepitoso y clásico sonido de persecución, John se metió entre pasillos de unas casas en construcción y llego hasta la orilla de un parque el cual cruzo sin detenerse, el sonido de las patrullas se hacia cada vez mas fuerte, lo que lo hacía suponer que estaban a punto de atraparlo. Trató de esconderse, hasta que llegó a un callejón en el cual una enorme barda le impidió el paso.

John volvió en si, se encontraba atrapado en un callejón sin salida, una guerra de palabras e imágenes atormentaban su mente, se detuvo, respiró hondo, podía escuchar los pasos de las personas que lo perseguían, pero no podía ver nada, sólo sombras y reflejos de luz de personas moviéndose. De pronto su mente se esclareció y entró en una extraña sensación de calma, en ese momento sus malos pensamientos se esfumaron.

Escucho una voz, una voz que le susurraba al oído.

- Hazlo, no te queda nada, ya no tienes nada que perder, estarás mejor conmigo, vamos atraviesa el muro, estoy del otro lado,

- ¿Quién eres?, preguntó John.

- Quién soy o qué soy no importa, lo que importa es lo que te ofrezco, vamos atraviesa el muro.

- ¿Pero cómo?, es demasiado alto.

- La pistola es la llave, usa la llave.

- ¿La pistola es la llave?, ¿cómo?, no entiendo ¿cómo que es la llave?

- Vamos Johnny, usa la llave, usa la pistola, atraviesa el muro.

Johnny comprendió lo que esa extraña voz le pedía, levanto su mano y se disparo en la cabeza,

Cuando abrió los ojos se encontraba del otro lado del muro, ya no escuchaba las sirenas ni los pasos de quienes lo perseguían, miró hacia todos lados hasta que vió la silueta de un hombre muy elegante vestido con un traje y una gabardina en color negro. Sus zapatos, a pesar de la lluvia y el lodo, lucían lustrosos. Aquel hombre joven de unos 25 años de edad lo miró fijamente y brindándole una sonrisa le dijo: -- Bienvenido Johnny, esperaba por ti, es hora de irnos-

- ¿Adónde vamos?, ¿quién es usted?, ¿cómo cruce el muro?, contésteme.

- Ya habrá tiempo para tus respuestas, por lo pronto tenemos que irnos, el tiempo es muy valioso.

John miró sus manos y ya no traía el arma ni el collar, incluso la sangre había desaparecido, ya no sentía ira, ni miedo. Comenzó a caminar al lado de aquel hombre misterioso que lo acababa de salvar de una muerte segura. Caminaron hacia una luz que le cegaba la vista, al cruzar se encontró con una casa que no recordaba que estuviera en su ciudad, jamás la había visto, incluso ya no era de noche, era como si el sol se hubiera encendido con algún switch, la casa parecía salida como de una postal o del algún libro de viajes, parecía el hermoso fondo de una pantalla de computadora, todo parecía perfecto, llegaron hasta un portón grandísimo el cual se abrió a su paso, caminaron por un gran jardín en el cual pudo ver algunas personas que corrían divirtiéndose, algunos jóvenes no mayores que el, corrían de un lado a otro jugando a atraparse, pudo ver personas mayores platicando sentadas en las bancas de aquel hermoso jardín, también observo mujeres y hombres caminando, todo aquello parecía un sueño, en ese momento todas las personas voltearon hacia el, John se quedo perplejo al sentirse el centro de atención de aquella multitud.

- Saluda Johnny, dijo el hombre misterioso, son tus nuevos amigos, anda ve a conocerlos.

John no se podía mover, se encontraba atónito ante aquel paisaje de perfección.

- Vamos Johnny despierta, esta es tu nueva casa, ahora te dejo, tengo trabajo que hacer.

John caminó con dirección al jardín, algunas personas fueron a su encuentro dándole la bienvenida, saludándole y otras dándole efusivos abrazos John, aun incrédulo, volvió la mirada hacia atrás y se percató que el hombre que lo había llevado a aquel mágico recinto había desaparecido.

 

 
Comentarios (1)
Gran vuelco el que da la historia
1 Sábado, 05 de Junio de 2010 00:02
tork (administrador)
Lo que empieza siendo una simple historia de adolescentes acaba convirtiéndose en una vorágine de sucesos trepidantes.
Me has sorprendido Felipe, y mucho, es por ello que quedo a la espera de los demás capítulos.

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