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Inicio Cuentos breves Javier (adm.) LOS ÁNGELES EXISTEN
LOS ÁNGELES EXISTEN Imprimir E-mail
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Cuentos breves
Escrito por Javier (adm.)   



Recuerdo que una vez, siendo yo muy pequeño, alguien me quiso secuestrar, estaba comiendo un helado y me despisté de mi madre, ella también se despistó de mí, y como suele suceder en estos casos, dos hombres malvados estaban al acecho, uno de ellos salió del coche y me agarró, el otro ya estaba preparando la huída.

Otro hombre, que podía calificar como una persona normal, le dio un puñetazo al ser maléfico que me había agarrado para llevarme dios sabe dónde, este me soltó de inmediato y, después de mirar con rabia a ese que le había golpeado, se montó en el coche, el cuál salió disparado calle abajo.

Mi madre ni tan siquiera se enteró de todo esto, ella iba abstraída, envuelta por las miles de cosas que tenía todavía pendientes en lo que le restaba de día: Yo tampoco me enteré de mucho, era demasiado pequeño para asimilar lo que había estado a punto de ocurrir, pero ahora que lo recuerdo, veo las imágenes como desde fuera de mí y comprendo que aquel ser me salvó de no pocos sufrimientos.. Nunca le di las gracias, ni yo ni nadie, pues desapareció igual que había aparecido.

¿Quién sería?

Pasaron los años y me independicé de mi madre, al menos para salir a la calle, ya iba sólo al colegio, y es que me había convertido en todo un hombrecito, pero seguía igual de distraído, fue por ello que, sin darme cuenta de lo peligroso de mi acción, me encaminé a cruzar la calle cuando un potente coche la estaba cruzando a gran velocidad.

Un brazo me detuvo, era una brazo bastante normal, ni demasiado musculoso ni demasiado famélico, un segundo más tarde, a unos ochenta kilómetros a la hora, el potente coche pasó a poco más de medio metro de mí, dejándome con la boca abierta al ser despeinado por la estela de aire que producía.

Miré hacia arriba. Él estaba mirando hacia abajo. Era la primera vez que veía sus ojos, pero algo me dijo que no era la primera vez que nos encontrábamos, un recuerdo, un lejano recuerdo me dijo que ese brazo era el mismo que había golpeado a aquel ser maligno que quiso apoderarse de mi vida y de mi alma cuando yo, igual de distraído que lo había estado hacía unos segundos, me despisté de mi madre.

Apartó su brazo y me dedicó una sonrisa, poco después se perdió entre la gente, ni tan siquiera se lo agradecí.

Algunos dicen que Dios no existe, muchos niegan la existencia de los ángeles, pero yo, que he conocido de cerca a uno, puedo asegurar que si no los vemos es porque no sabemos mirar, y, porque dominados por estúpidas creencias, pensamos que sólo puede ser un ángel aquel que lleva alas.

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