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Inicio Cuentos Jogu Berrey LA MUJER DE LA RUMOROSA
LA MUJER DE LA RUMOROSA Imprimir E-mail
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Cuentos
Escrito por Jogu berrey   

 

Fragmento de novela “Viajes y sueños” de Jogu Berrey. Reg. INDAUTOR No. 03-2003-0225152320600-14. Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

 

 

Viaje 39. La Mujer de la rumorosa.

 

 

Regresaba de llevar un cliente a Mexicali, solo que en El Hongo me acorde que había dejado un bulto en la paquetería, ¡chingue a su…! Era un encargo importante, ¡maldito vicio del cine! ¡Malditos empresarios que proyectan películas en Mexicali que no en Tijuana! Pues la cosa es que tuve que regresar y ya pasaban de las 11:00 (de la noche)… a ver si alcanzo a los que limpian…

 

- ¿20 pesos? Acabo de pasar y estaba a 15…

- Los taxis pagan más.

- ¡No me jodas! Siempre pago igual que los carros.

- Dile al federal…

- Solo porque llevo un chingo de prisa… (y haciendo nuestra típica mentada con el brazo) ¡pinchi rata!

- ¡Aguas con la vieja de blanco!

 

¡Su puta madre! Tenia que recordarme de esa maldita leyenda, bueno ni tan maldita… vale más que no diga nada… que no piense nada…

Se cuenta de una enfermera que fue asesinada por un taxista justo en la bajadita posterior a la caseta de cobro, ahí donde se pone el de los burritos…

Dicen que se aparece pidiendo “aventón” y que si la subes, luego se desaparece y del miedo te estrellas…

Mucha gente afirma haberla visto… igual que el relato del trailer que supuestamente viene sobre ti en el sentido contrario de la subida y que solo es aire. (Se cuenta que en ese sitio se durmió un trailero con la ventana abierta y que solo encontraron el camarote lleno de sangre y la estela de haber sido arrastrado al monte por quien sabe que animal…).

Que los hayan matado no tiene nada de extraño, lo de las apariciones sí, y no porque realmente crea en esas cosas sino porque la misma tenebrosidad de las piedras blancas con la luna llena invitan a sugestionarse… y una mente sugestionada es capaz de ver hasta a la virgen dando mensajes…

Pues bien, mientras esto pensaba la vi… ¡su puta madre! Se me lleno de puntitos la piel, frene por el escalofrío que ya me llevaba al voladero… luego de un instante llegó al carro y me pidió “aventón”… el frío sudor no me permitía moverme… quise rezar mas recordé que ya no soy creyente y que sería caer en la hipocresía que tanto he criticado a quienes en los momentos difíciles vuelven a la fe.

No sé de donde saque valor pero salí a fumar, se veía que fue una mujer muy hermosa y en su hablar parecía no estar consciente de lo que le había sucedido; le comenté la leyenda de la enfermera y de las cosas que cuentan sobre muertos que no saben que lo están…

Me miró de tal modo que hasta ahora no comprendo como pude seguir en pie, es una sensación muy rara, sientes que se va a salir el corazón de tan rápido que late… es una experiencia absolutamente desconocida; no me sentía amenazado, más bien frustrado por tantas dudas…

Había visto al hombre del gabán en Tlalpan (con un grupo de amigos que también afirman haberlo visto) y me había despertado, con impulsos idénticos a los de un dedo sobre el pecho, en una casa donde mataron a unos rusos; sin embargo, esto era algo totalmente nuevo. Lo anterior lo explicaba con la simple alucinación: individual y colectiva, pero… hablar con una muerta…

 

- Entonces estoy muerta.

- Perdón, quizá no debería decírtelo.

- Solo quiero ir a mi casa… llévame a Mexicali… déjame verla por ultima vez…

 

Lo dijo en un tono tan lastimero que no tuve más remedio que llevarla… Durante el trayecto no hice más que preguntas tontas a las que jamás respondió… solo me indicaba con la mano si dar vuelta o seguir derecho.

 

- Esta es mi casa, ahora te creo…

- ¿Qué?

- ¡Estoy muerta! Todo es tan distinto y además… ese moño negro… ¡ese era mi cuarto! Gracias…

 

 

 

 

 

Fragmento de novela “Viajes y sueños” de Jogu Berrey. Reg. INDAUTOR No. 03-2003-0225152320600-14. Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

 

 

Sueño 5. La mujer de la rumorosa. (Continuación)

 

 

Luego de aquel iluminado gracias, me pidió la llevara de regreso a donde apareció por primera vez; parecía feliz, como relajada de haber comprendido algo que desde hacia mucho buscaba; al llegar me fumé un quincuagésimo cigarro y me mostró el sitio donde yacía su cuerpo… era bajo una roca bastante particular…

Con mirada de “adiós y gracias” se dio vuelta y desapareció entre la blanca niebla de aquella rumorosa que asemejaba a los infiernos de Dante Alighieri (aunque también podría ser el cielo… no conozco a ninguno de los dos).

Con toda aquella experiencia me había olvidado de la paquetería, pero como ya estaba muy cansado, cerré los vidrios y me dormí ahí mismo… ¡ya la había llevado hasta Mexicali!

A los tres meses desperté del coma y solo recuerdo a la muerta; no recuerdo ni el accidente, ni el traslado, ni mucho menos las muchas transfusiones que de sangre me hicieron…

El taxi quedó inservible y yo sin trabajo, afortunadamente mi licencia sigue vigente y con ello es fácil conseguir otro; el 6808 se queda de recuerdo en el fondo de la rumorosa…

A mi “experiencia” no la llamaré sueño ni pesadilla porque fue algo ¡tan vivido! ¡tan “real”! que en cuanto pude fui a la casa donde supuestamente la había llevado. Cuando vi el moño negro en la puerta me puse más blanco que un siberiano… mas luego recordé que ya había estado en esa calle. No recordaba ni la casa ni el moño; sin embargo, me dijeron los vecinos que ya tenía mucho ahí: seguramente lo captó mi inconsciente –pensé-. También me dijeron que nadie renta ese cuarto porque espantan…

Bajo la particular piedra de la rumorosa se hallaron los huesos de una mujer que según los análisis fue asesinada en los años cincuenta… no se sabe si fue enfermera, ni si era de Mexicali…

Por algún momento pensé que aquello había sido real, sin embargo, como sucede con muchos casos: la duda permanece. La ciencia bien puede explicar que el mismo estado de alteración por el accidente me permitió detectar sus restos, puesto que estaban a la vista desde mi ángulo de caída; y todo lo demás fue invento de la ilimitada imaginación… más si contaba con tres meses para convencerme de ir por esos huesos…

 

 

 

 


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