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Inicio Cuentos breves Catalina Miranda P. EL UMBRAL
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Cuentos breves
Escrito por Catalina Miranda P.   

 

 

El Umbral

 

Unas horas después, la arcaica y polvorienta comarca había quedado atrás. El anciano chamán se movilizaba a paso lento por la oscura planicie hacia las montañas. Iba pensativo y silencioso, con la mirada fija en un punto lejano, mientras, un viento helado borraba sin cesar las hondas huellas de sus pisadas.

 

Dentro de su mente su deseo era inamovible, y no existía nada que distrajera su atención y su añoranza por arribar al lugar propuesto para su postrero reposo. Sin mirar atrás continuó solitario y resignado hacia su destino, acompañado únicamente por los leves y caprichosos remolinos de polvo que se levantaban a su andar, cegándolo momentáneamente de su entorno y de su realidad.

 

Luego de mucho caminar y al aproximarse a las montañas, una de ellas lentamente se levantó frente a él como una tormentosa alucinación y visión astral, hasta convertirse en un gigantesco y majestuoso cóndor.

Al sentir el poder de la majestuosa ave, el chamán detuvo su andar y por un instante dudó entre avanzar o retroceder.

El cóndor fijó su mirada en él, y sin hablar le dijo;

-¿Dónde vas venerable anciano?

-Busco la entrada al mundo de los muertos –le respondió sin dudar.

-Si ese mundo buscas, éste es el último tramo de tu camino. Acércate al borde del abismo y lo verás con tus propios ojos –repuso dirigiendo su mirada hacia las tinieblas del horizonte.

 

El hombre se aproximó al precipicio y contempló embelesado el paraje más insólito que jamás había visto;

-Me parece extraño y al mismo tiempo fascinante, que a pesar de la oscuridad y de los matices grises del paisaje, logre yo distinguir a lo lejos aquellos dos portones negros, y más allá aún aquella enorme estructura gótica… -no dijo más, y súbitamente retrocedió unos pasos.

-¿Por qué callas de repente? Ya que has venido hasta aquí, pregúntame quién habita en ese palacio y pregúntame quién será tu anfitrión eterno –le dijo el cóndor.

 

La mirada del anciano se entristeció, tomó un puñado de tierra y la esparció al viento;

-No temo a la muerte ya que voluntariamente he venido en busca de ella. El cementerio sagrado de mis antepasados donde debí morir, ya no existe. Ese lugar consagrado donde descansan los restos de mi gente fue saqueado y soy el último sobreviviente de mi estirpe. La única opción que tengo para que mi alma descanse en paz es llegar al mundo de los muertos antes de fallecer, de lo contrario mi alma vagará por toda la eternidad.

 

El cóndor repuso; -El abismo que ves es el límite entre lo mortal y lo perpetuo, sólo podrás pasar de este punto en espíritu. Yo traslado las almas hasta la entrada al mundo de los muertos, pero tú estás vivo por lo tanto no puedes pasar.

 

-Entonces moriré aquí y mi alma irá contigo a mi eterno descanso. Únicamente te pido que cuando llegue ese momento, cubras con tu halo inmortal mi cadáver y lo conviertas en cenizas. Sólo entonces habré cumplido con los rituales fúnebres en ausencia de mi tribu y podré reencontrarme con ellos en el mundo de los espíritus –dijo seguro de su petición.

El anciano realizó una danza tribal al ritmo repetitivo de su tambor mientras entonaba cánticos asonantes, luego se recostó sobre la tierra y cruzó sus manos sobre el pecho, cerró los ojos y a los pocos minutos se corazón se detuvo. Pocos instantes después emanó de su cuerpo un halo de luz azul que se hizo más visible y densa hasta tomar la forma del hechicero. Finalmente, el ser luminoso desprendido completamente de su cuerpo material abrió los ojos, y miró maravillado todo a su alrededor.

 

Cuando su cuerpo se hubo convertido en cenizas por su deseo y voluntad, la inmensa ave llevó su alma a su última morada. En la entrada de los portones negros  el chamán agradeció al cóndor, y en total armonía traspasó el umbral al mundo de los muertos.

 

 

FIN

 

 

 
Comentarios (1)
Interesante relato.
1 Martes, 25 de Mayo de 2010 15:19
Javier (adm.)
Siempre me fascinaron los pueblos que ven la muerte como un paso, como el único movimiento que te conduce a una nueva vida, sólo ellos saben morir en paz.
Ojalá sepa yo, el día de mi partida, irme con el aplomo, la esperanza y la tranquilidad con la que se va el protagonista.

Otra gran escritora hace más grande este lugar, es por ello que le doy las gracias.
Bienvenida Catalina.



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